El fútbol como estilo de vida

En la nota extra de esta semana, una historia escrita por Tomás Barbey, estudiante de psicología en la ciudad de Rosario, que con este pequeño cuento logró una mención especial en el concurso literario anual de ICES en Venado Tuerto y nos permitió compartirlo en nuestra web, ya que brinda un muy buen análisis de los que es la vida y el fútbol de hoy en día.

 

¿Qué hacemos con la pelota?

​Me despierto 5 de la mañana. Desvelado. Ya tomé agua, fui al baño, miré el celular, prendí la luz, la apagué, intenté leer para que me de sueño, seguí en la cama un largo rato, pero no hay caso che… no tengo chances de pegar un ojo.

Respiré profundo. Mi cabeza iba de un lado a otro sin rumbo ni sentido. Pensaba sobre la vida, ser joven, el fútbol, mujeres, pavadas… lo que piensan los hombres todo el tiempo, digamos. Empecé a comparar un poco lo que era mi vida, mi cabeza o la vida y la cabeza de un joven de hoy en día, con el fútbol y demás cosas, y ahí es cuando me surgió la pregunta: ¿Y qué hacemos con la pelota?

Comencé a pensar que la cabeza y el fútbol van de la mano. Son la misma cosa. La forma de pensar el fútbol coincide con la forma de vivir la vida hoy en día. A ver si me explico un poco mejor: el ritmo de vida que lleva un joven en la actualidad es muy semejante al ritmo de juego del fútbol contemporáneo. ¡Es un quilombo! ¡Un desorden! Todo rápido, todos corren, todos meten, todos van para adelante sin un objetivo claro. Sin una idea de juego. Si… te entiendo, puede haber un par que jueguen como el Barcelona, pero claramente son los menos. ¡No hay más enganches pibe! Me dije. No existe el que pone un freno, pisa la pelota y levanta la cabeza. No existen porque nunca nadie nos enseñó y no tuvimos forma de aprenderlo solos en el potrero o a lo largo de la vida. Porque no tuvimos potrero. No tuvimos tiempo libre.

​Desde chicos estuvimos sometidos a una catarata de constantes estímulos. No había tiempo para el ocio, como lo tuvieron nuestros padres y ni que hablar nuestros abuelos. No había nada para hacer en esa época más que practicar un deporte, jugar con muñecos/as o andar vagueando por la calle. No existía madre que respondiese a un ¡Ma, me aburro! ¿Entonces la solución cual era? Aburrirse. Si, simplemente se aburrían. ¿Y cuándo se aburrían que pasaba? Creaban. Inventaban. Imaginaban. Así surgieron los Maradona, los Zidane, los Ronaldinho. ¡Así nació Juan Román Riquelme, señores! ¿Decime si no tengo razón? ¿Vos le viste la cara a Riquelme? No hay dudas que el tipo se aburría.

​Los chicos de ahora no pueden andar en la calle porque es inseguro. No van al potrero porque no existen más los descampados y algunos no practican un deporte porque sería quitarles tiempo a los padres en llevarlos, traerlos o irlos a ver los fines de semana. Porque los padres ¡No tienen tiempo! Para sus hijos… Y es más fácil que en el tiempo libre, el chico juegue con una tablet, la play o el celular, o haga miles de actividades al día. Una tras otra. Todo junto. Para no aburrirse… ¡Para no pensar!

​Concluyendo, ¿Qué nos pasa ahora de grandes? Me encuentro con que la pelota me quema. La tengo en los pies y no sé qué hacer. Nos la pasamos corriendo sin sentido alguno. No sabemos ni para qué, ni para dónde vamos. Pero corremos. Hasta que llega un momento que no sabemos dónde estamos. No sabemos tomarnos “el tiempo de más” que hay en el área. Cuando la tenemos la pasamos, tiramos un centro o le pegamos al arco, porque no sabemos qué hacer con la pelota. No nos detenemos a pensar que es lo mejor para nosotros mismos o para los demás. No sabemos reconocer lo que nos pasa. Da miedo mirarnos. Nos aterra descubrir que hay dentro de nosotros. Y cuando por fin logramos hacerlo, nos cuesta aceptarlo, porque tal vez “no soy como los demás quieren que sea”, “no hice lo que esperaban de mí” o simplemente me siento mal porque “no encajo” en esa “liga”.

Creo que sería bueno volver a tomar algunos hábitos de la “vieja escuela”. Sólo algunos, para darles un poco de orden a las cabezas de los chicos de hoy en día. Enseñar la importancia de la pausa, del tomarse un segundo de más para decidir la siguiente jugada. Que se juegue con dos centrales que cumplan la función de padres, que sean firmes pero que salgan jugando. Profesores que cumplan la tarea del número cinco, que contengan y distribuyan. Familiares que vayan por las bandas y se encarguen de asistir a los amigos que juegan arriba, encargados de definir y darnos alegrías y satisfacciones. Y por último yo… parado de enganche, manejando los hilos de mi vida, haciendo jugar al equipo, tomando decisiones y responsabilidades, sabiendo cuándo encarar y cuándo abrir la cancha, buscando el arco rival para poder llegar al gol, ganar el partido y llegar a ser feliz.

Tomás Barbey. 21/03/17.

Un comentario sobre “El fútbol como estilo de vida

  • el 2017-10-26 a las 1:42 pm
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    Muy buena reflexión. …. jugar en la calle, esquivando el palo de luz o el cordón, jugando en un arco de dos palos imaginando el travesaño. Así, con mis 55, fui esquivando los obstáculos de la vida, una guerra ( Malvinas), la muerte temprana de mis 2 viejos, así también como mis 2 mejores amigos e imaginando un futuro feliz con mi flia y la alegría de ver crecer a mis hijos con felicidad, paz y amor. Abrazo de gol.

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